Unas correctas normas nutricionales entre el año y los 18 años de edad son fundamentales, no sólo para el crecimiento, la maduración y el óptimo estado de salud, sino para el establecimiento de los futuros hábitos dietéticos. El conocimiento de unas buenas normas dietéticas en el niño, en el seno familiar y en los educadores debe ser una práctica que se debe fomentar, ya que desde la infancia errores en la alimentación pueden tener implicaciones en la etapa adulta.

Niños de 1a 3 años de edad

El niño de 1a 3 años de edad entra en un período madurativo en el que se produce un rápido aprendizaje del lenguaje, de la marcha y de la socialización. Asimismo, existe un enlentecimiento de la tasa de crecimiento, y de la maduración de las funciones digestivas y metabólicas. A esta edad, las necesidades calóricas son bajas, por la desaceleración del crecimiento, aunque existe un aumento de las necesidades proteicas, por el crecimiento de los músculos y otros tejidos.

En general, no deben adoptarse normas nutricionales rígidas, recomendándose las dietas individualizadas. Deben tenerse en cuenta la preferencia y la aversión del niño sobre los distintos alimentos y su actividad social. Un menú variado suministra las necesidades nutricionales del niño. Es aconsejable acostumbrarle a realizar las comidas, en un buen ambiente, relajado y de forma reglada (desayuno, almuerzo, merienda y cena), evitando la ingesta entre horas.

Requerimientos

Ö Se recomienda según la Organización Mundial de la Salud (OMS) (1985), una ingesta aproximada de 1.300 kcal/día, con un aporte proteico medio de 1,2 g/kg peso/día, de las cuales el 65% deben ser de origen animal, ya que son más ricas en aminoácidos esenciales que los vegetales.

Ö Las necesidades cálcicas son aproximadamente 500 mg/día.

Ö Las necesidades de hierro son de 10 mg/día hasta los 10 años de edad.

Ö Los requerimientos de fósforo se estiman parecidos a los de calcio (460 mg/día).

Ö Para el cinc la dosis aconsejada es de 10 mg/día (RDA), ya que se trata de un oligoelemento fundamental para el crecimiento.

Recomendaciones dietéticas

La dieta debe ser variada e incluir alimentos de todos los grupos. Hay que tener en cuenta que a esta edad el niño presenta todavía ciertas dificultades para masticar determinados alimentos y, en ocasiones, no quiere admitir ninguno nuevo. En este sentido, puede resultar eficaz ofrecer alternativas de alimentos sin forzarle y dejarlo a su elección, siempre que la dieta sea equilibrada, ya que es muy común que la comida que un día ingiere con gusto, al día siguiente la rechace. No se debe premiar o recompensar a los niños con alimentos, por el riesgo de sobrealimentación y elegir alimentos con menor valor nutricional (bollería, azúcares, etc.) en detrimento de los recomendables.

La distribución de la dieta debe reglarse en el 25% con el desayuno, el 30% con la comida, el 15% con la merienda y el 30% con la cena. La distribución calórica debe ser del 50-60% en hidratos de carbono (principalmente complejos con no más de un 10% de refinados), el 30-35% en grasas y el 10-15% en proteínas de alta calidad.

Niños de 4 a 6 años de edad

A esta edad el crecimiento es estable, con bajas necesidades energéticas, por lo que el niño mantiene aún poco interés por los alimentos y muestra aparente "poco apetito", aunque normal para su edad. Los hábitos nutricionales se acaban consolidando en estas edades, y los familiares representan su principal referencia, de los que aprenden por imitación y copiando las costumbres alimentarías del seno familiar. Por ello, los padres deben conocer las mejores normas dietéticas para que el niño las adquiera en este período de la vida.

Requerimientos

Las normas dietéticas son similares a las correspondientes al grupo anterior. Se recomiendan los aportes individualizados (1.800 kcal/día) con un aporte proteico de 1,1 g/kg peso/día (OMS), el 65% de origen animal. Debe suplementarse con flúor a razón de 1 mg/día si el agua de consumo es baja en este mineral.

Recomendaciones dietéticas

La proporción es del 50-60% en hidratos de carbono (principalmente complejos y menos del 10% de refinados), 10-15% en proteínas de alta calidad y el 30-35% en grasas, con equilibrio entre las grasas animales y vegetales. Se deben aportar diariamente, asimismo, alimentos de todos los grupos con una dieta variada, no recomendándose más de un 25% de calorías en forma de un solo alimento.

La distribución diaria es del 25% con el desayuno, el 30% con la comida, el 15% con la merienda y el 30% con la cena, y deben siempre valorarse los gustos, las condiciones socioeconómicas y las costumbres del niño. Cabe señalar que es aconsejable que el 25% de la distribución calórica corresponda al desayuno, ya que la actitud en el trabajo escolar mejora significativamente en los niños que cumplen frente a los grupos que desayunan deficitariamente.

A partir de esta edad, es importante considerar diversos hábitos sociales, como la conocida influencia de la televisión en la génesis de la obesidad, en la tendencia a la vida sedentaria y en la incitación al consumo de determinados alimentos, recomendándose no más de 1o 2 h diarias.

Alimentación del niño escolar

Niños de 7 a 10 años de edad

El niño, ya escolarizado, aumenta progresivamente su actividad intelectual, y produce mayor gasto calórico por la práctica deportiva.

En general, comienza a aumentar la ingesta alimentaria, aunque ésta puede ser de baja calidad nutricional, sobre todo cuando se realiza fuera del hogar en forma de dulces, bollería y los llamados "alimentos chatarra", que suelen ser productos manufacturados con elevadas cantidades de grasa saturada, azúcar, colesterol, energía y con pocos micronutrientes . Con frecuencia se utilizan como recompensa o entretenimiento. Se debe procurar su sustitución progresiva por alimentos con mayor contenido en micronutrientes y con menor poder calórico. La eliminación total no es aconsejable por su fácil acceso, la publicidad y el gusto por ellos, siendo mejor estrategia su disminución escalonada. Por este motivo es muy importante insistir en la calidad nutricional de los tentempiés, promoviendo el consumo de frutas, cereales, lácteos u otros alimentos con mayor calidad nutricional.

Requerimientos

El niño en esta edad necesita 2.000 kcal y un aporte proteico de 1 g/kg peso/día (OMS). Como en las otras etapas de la vida si el agua de consumo es baja en flúor debe administrarse, 1mg/día entre los 4 y los 8 años de edad y 2mg/día entre los 9 y los 13 años de edad.

Recomendaciones dietéticas

La ingestión de alimentos debe ser, asimismo, de todos los grupos, aunque en mayor proporción, debiéndose mantener la misma distribución dietética a lo largo del día y la proporción de los principios inmediatos, como se menciona posteriormente.

De nuevo cabe recordar la importancia del desayuno, que contribuye a conseguir unos aportes nutricionales más adecuados, evita o disminuye el consumo de alimentos menos apropiados (bollería, azúcares, etc.), puede contribuir a la prevención de la obesidad y mejora el rendimiento intelectual y físico. El desayuno debe contener preferentemente hidratos de carbono por su mejor control de la saciedad, con menor proporción de alimentos ricos en lípidos. Se aconseja preferentemente la tríada compuesta por lácteos, cereales y frutas o zumo de fruta fresca, que podría complementarse con otros alimentos proteicos como huevos, jamón, etc., hasta llegar al 20-25% de las necesidades energéticas diarias. Es necesario dedicar al desayuno entre 15 y 20 min, sentados en la mesa, a ser posible en familia, en un ambiente relajado, por lo que hay que despertar al niño con tiempo suficiente, debiéndose acostar a una hora apropiada y dejando preparado desde la noche anterior el material escolar. Se debe promocionar en nuestro país este tipo de desayuno, costumbre aún poco extendida.

Alimentación del adolescente

Este período se inicia desde los 11 a los 14 años (primera fase de la adolescencia) y desde los 15 hasta los 18 años (segunda fase de la adolescencia).

La alimentación durante este período de crecimiento debe aportar la cantidad de energía, macronutrientes y micronutrientes necesarios para el desarrollo, así como para sentar las bases para el establecimiento de hábitos dietéticos saludables a lo largo de la vida, que se experimentan cuando el adolescente aumenta su independencia y responsabilidad en lo que se refiere a su propia dieta, y que persisten hasta la edad adulta, haciendo de este período un momento privilegiado para llevar a cabo medidas preventivas.

El incremento de las necesidades nutricionales está relacionado con la aceleración del crecimiento en talla y peso (se adquiere el 50% del peso definitivo, el 25% de la talla adulta y el 50% de la masa esquelética), del aumento notable de la masa magra de los varones y de la masa grasa en las mujeres, haciendo todo ello que las demandas de energía durante el pico máximo de crecimiento, sean muy elevadas.

Requerimientos

El requerimiento energético total se basa fundamentalmente, en el adolescente, en su grado de actividad. Dependiendo del tipo y la cantidad de alimento ingerido, el metabolismo aumenta entre el 5 y el 10% (termogénesis de los alimentos).

Los requerimientos ideales deben tener en cuenta el estirón del crecimiento en la pubertad, el aumento de masa magra más el aumento de peso y contemplar datos de crecimiento no adecuado.

1. Las proteínas deben aportar entre el 10 y el 15% de las calorías de la dieta y deben de ser de alto valor biológico (proteínas de origen animal), pero sin olvidar las proteínas del grano capaces de suplir las proteínas de alta calidad en el 16-20% del total de ellas.

Se ha sugerido que una toma excesiva de proteínas puede causar una excesiva movilización del calcio de los huesos, con efectos desfavorables para su mineralización.

2. Para las grasas, diversos organismos han establecido una serie de recomendaciones en la adolescencia:

a). La ingesta de ácidos grasos saturados debe ser de menos del 10% de las calorías totales.

b). La grasa total representará el 30% de las calorías totales. Cifras inferiores al 20% pueden comprometer en algunos casos los aportes tanto de energía como de aminoácidos, vitamina B12, vitamina E, calcio, fósforo, magnesio y hierro.

c). La proporción de ácidos grasos monoinsaturados debe aproximarse al 15% y hasta el 18%.

Para los adolescentes no hay unas recomendaciones específicas de ácidos grasos poliinsaturados: Una alimentación variada y bien distribuida suele aportar cantidades suficientes de grasa de tal forma que alrededor del 7 al 10% del aporte calórico tiene su procedencia en ácidos grasos de la familia omega 6. La proporción de ácido linoleico será del 1 al 2%. No hay recomendaciones específicas en cuanto a ingesta de los ácidos grasos omega 3.

3. Los hidratos de carbono deben representar entre el 55-60% del aporte calórico total. Se recomienda que este aporte sea en su mayoría en forma de hidratos de carbono complejos y los simples no deben aportar más del 10-20% de la ingesta, como efecto preventivo en enfermedades crónicas degenerativas.

Los hidratos de carbono complejos son aportados con los cereales, pan, pasta y fruta, y constituyen además una importante fuente de fibra.

4. A esta edad las necesidades de vitaminas aumentan respecto a otras etapas de la infancia, debido al crecimiento acelerado y al aumento de los requerimientos de energía. Requieren un aumento del aporte de tiamina, riboflavina y niacina, que participan en la obtención de energía a partir de los hidratos de carbono, grasas y proteínas. Las vitamina B 6 y el ácido fólico son necesarias para la síntesis de ADN y ARN. Las vitaminas A, C y E participan en la función y estructura de la célula. Referencia especial merece el ácido fólico, ya que la deficiencia de éste es la de mayor riesgo en adolescentes, por ser un factor etiológico de las malformaciones del tubo neural.

5. Las necesidades de minerales también están aumentadas en la adolescencia, sobre todo las de hierro, cinc y calcio, no cubriéndose con la dieta en muchas ocasiones.

La ferropenia (disminución del hierro) está presente entre el 10 y el 15% de los adolescentes, por lo que hay que asegurar un aporte de 12 mg/día en los varones y 15 mg/día en mujeres. El contenido medio del hierro en la alimentación es de 6 mg/1.000kcal, de modo que una ingesta menor de 2.000 kcal no cubre las necesidades en una mujer a estas edades, por lo que hay que aconsejar alimentos ricos en hierro hem y asegurarse un aporte adecuado de vitamina C.

En cuanto al calcio, se conoce que sólo el 40% de los varones y el 15% de las mujeres cumplen a esta edad las recomendaciones de su ingesta, con el riesgo de no alcanzar una masa ósea adecuada. Las ingesta diaria recomendada es de 1.300 mg/día

El cinc, como participante en procesos metabólicos como la síntesis proteica, es un mineral que hay que tener en cuenta a esta edad. Las recomendaciones, son de 15 mg/día para los varones y de 12 mg/día para las mujeres, y es importante tener en cuenta que el cinc de las proteínas animales presenta mejor biodisponibilidad que el de los cereales y que una dieta variada y normal aporta aproximadamente de 10 a 15 mg/día.

Una dieta rica y variada es la mejor garantía para la ingesta correcta de otros minerales tales como el magnesio, cobre, cromo, fósforo y selenio.

Recomendaciones dietéticas

Una distribución calórica apropiada, y una variedad de alimentos en los cuales haya consumo de leche y productos lácteos, hidratos de carbono complejos, frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva y pescados, limitando el consumo de carnes, grasas saturadas, tentempiés y refrescos. Todo ello aporta la cantidad de macronutrientes y micronutrientes necesarios para su desarrollo.


BIBLIOGRAFÍA:

Anales de Pediatría. (2001). Alimentación del preescolar, escolar yadolescente. [Documento en línea]. Disponible: http://db.doyma.es/cgibin/wdbcgi.exe/doyma/mrevista.fulltext?pident=12003798 . [Consulta: 2007, Octubre 21].